Un barrio entero en Villa Udaondo quiere impedir el injusto desalojo de una familia

Un barrio entero en Villa Udaondo quiere impedir el injusto desalojo de una familia

Mariano Pacilla y su familia están pasando por un calvario. La Justicia está por rematarles su casa y desalojarlos de la vivienda en donde viven hace

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Mariano Pacilla y su familia están pasando por un calvario. La Justicia está por rematarles su casa y desalojarlos de la vivienda en donde viven hace 24 años. La razón: La quiebra de la empresa que le vendió el lote. Si, aunque no se pueda creer, Mariano compró el terreno, lo pagó, tiene el boleto de compraventa, pero Hernán Diego Papa, Juez en lo Comercial cree que ese terreno (que ahora ya tiene una vivienda que la familia construyo con mucho sacrificio) sigue siendo de la empresa. Como esa empresa quebró y dejo un tendal de deudas, los acreedores quieren cobrar con el remate de  la vivienda de la familia Pacilla.

Una historia de engaños y abusos

Mariano trabajaba en el ferrocarril cuando en los 90 comienzan los despidos. Llega su telegrama y con su indemnización decide junto a su familia comprar un pequeño lote de terreno en la calle Guiraldes casi esquina Tabaré en Villa Udaondo. La familia necesita una casa donde vivir porque alquila y la decisión es acertada.  En la búsqueda de ese terreno, Pacilla le compra a la empresa Plomer SRL un lote y allí comienza a construir una precaria vivienda. La venta se hace como Dios manda, boleto de compraventa firmado frente a escribano público.

Pasaron más de 10 años y la familia pudo asentarse en el barrio, la casita es humilde pero muy bien cuidada. El sacrificio valió la pena.

Aun así, Mariano y su familia no saben lo que está a punto de comenzar, no lo puede prever, ni imaginar: EL 10 de noviembre del 2010, se presenta un funcionario judicial en su casa y le entrega un mandamiento con la noticia de que su vivienda va a ser rematada por deudas de la empresa que le vendió el terreno y que él pagó con todos sus ahorros. Un Juez, cómodamente sentado en un sillón de un juzgado ignoto de la ciudad de Buenos Aires y que está juzgando la quiebra de la vendedora, cree que Pacilla es un “testaferro” de los dueños de la fallida y que la venta es fraudulenta. Nada más alejado de la realidad.

La estafa de la abogada de la familia Pacilla

Con el mandamiento en su poder, Mariano consigue por conocidos hablar con la Dra. Maria Noel Cutolo en su estudio de San Antonio de Padua. La abogada, le comenta que no se preocupe que cuando él compró la empresa no estaba en quiebra y que todo se va a solucionar. Le asiste la razón a la letrada, la venta no es fraudulenta, no hay ningún elemento en la causa que así lo marque. Es solo cuestión de probar en el juicio que Pacilla es inocente y que compró de buena fe.

Mariano se queda tranquilo y pasan algunos años hasta que se vuelve a enterar que el remate nunca se había frenado, que pese a que presentó testigos y pruebas de que la compra fue real, su abogada, nunca consiguió que se frenara el despojo y menos aún le avisó del fracaso. Para mal de pocos, Pacilla se entera que Cutolo está en Europa y que no quiere atenderlo. La última notificación dice que le van a rematar la casa el próximo 10 de abril.

La solidaridad del Barrio, y la lucha de sus 11 hermanos

Librado a su suerte, engañado, estafado y a punto de perder su casa, la familia Pacilla espera desahuciada el 10 de abril la fecha del remate. Cuando todo parece caerse, apareció la solidaridad de su barrio, la de su cuadra, la de la Junta Vecinal calle Güiraldes y la su familia, sus 11 hermanos.

En el barrio, hace unos meses, los vecinos han decidido juntarse en la parroquia para arman una junta vecinal. Quieren que el barrio mejore y que el municipio los escuche. De estas reuniones surge la “Junta Vecinal Güiraldez” y el barrio se organiza.

La Junta se entera de lo que le pasa a la familia Pachilla y decide solidarizarse e intentar parar el desalojo.

Todo el barrio esta convulsionado esperando el 10 de abril cuando aparezcan los funcionarios judiciales para pedir el desalojo de la familia. Los hermanos quieren que al menos, alguna autoridad intervenga para hablar con el Juzgado. La familia ya no tiene recursos económicos para contratar a otro abogado.

En la cuadra dicen que a Mariano no lo desaoja nadie, que ellos van a impedirlo. Bien que hacen.

Por Sebastian Sanguinetti

 

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