Desde el corazón hasta la pelvis

Desde el corazón hasta la pelvis

Me dirigí hacia el fondo por el pasillo que me habían indicado, a mitad de camino me choqué con dos puertas en veiben, abrí una de ellas, pasé. Al fon

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Me dirigí hacia el fondo por el pasillo que me habían indicado, a mitad de camino me choqué con dos puertas en veiben, abrí una de ellas, pasé. Al fondo me encontré con una sala de espera. En una de las paredes pintadas de color amarillo claro, colgaba una tele, Bélgica – Brasil, cada cual cantaba su himno.

Enseguida comenzaría el segundo partido del día por los cuarto de final de la copa del Mundo Rusia 2018. Salió una radióloga a llamar a una de las pacientes, relojeó la tele. Desde otra puerta se acercó otra profesional, cabeceó, miró la jugada, dijo “uh”, volvió a entrar.

Mientras los primeros minutos del partido corrían llegaron dos señoras más, se sentaron. Todas con sus ojos clavados en la pantalla. Volvió a salir la radióloga, que se encargaba de hacernos la mamografía, mientras su paciente se cambiaba. Reposó apoyada sobre la pared que la sostenía, observaba atentamente el televisor, analizó la jugada “son una banda ahí atrás“, en mirada cómplice una de las mujeres le respondió “Le pegó con ganas”.

Gol en contra de Bélgica.

“La puta madre“. Se tapó la boca, abrió grandes los ojos. “¡Ay perdón!, Perdón por mi exabrupto, yo no soy de putear” aclaró. Asombrosamente era la radióloga. La pasión se apoderó de su título, de su rótulo de mujer y de todo su cuerpo.

Preguntó ¿ Ustedes quién quieren que gane? Todas se pusieron a debatir y opinar, mientras esperaban su turno para la mamografía o la ecografía ginecológica.

Salió una doctora, la otra le avisó “gol en contra de Ronaldinho”.

Se quedaron todas frente al televisor, la doctora y la encargada de las mamografías murmuraban cosas del trabajo pero no dejaban de mirar lo que sucedía en esa pantalla, que al parecer algo tenia, algo debería de tener porque les atrajo a todas y no creo que solo haya sido mirar “tipos”, como dice mi vecino Raúl.

Gritaron mi apellido, era mi turno, pasé al consultorio.
La chica que me atendió me dijo “no saben nada de fútbol y cuando se acercan al arco gritan como locas“. La miré y sonreí.

Me hubiese gustado decirle que sabían más de fútbol de lo que ella imaginaba o de lo que ella misma podría llegar a saber. Que por más que esa mujer de cincuenta años (o más) no supiera que Ronaldinho ya no jugaba y se haya confundido su apellido carioca con el de Fernandinho, sabía de fútbol pero que si no sabia también estaba bien, porque le apasionaba mirarlo, porque colgó su título y puteó cuando vio que Brasil iba perdiendo hasta el punto de no haberse reconocido a ella misma. Porque la pasión tiene esa cosa que no se explica, pero la pasión por el fútbol va más allá de cualquier título, libro o sabiduría que ya exista y más aún de cualquier género. Porque en esa sala de espera lo que menos hice fue esperar, o si, pero el tiempo pasó volando mientras yo observaba a todas estas mujeres que miraban “el deporte de los hombres” con tal entusiasmo que me llenó el alma.

En esa sala de espera pasó algo maravilloso que no esperaba encontrarme, pasó que las mujeres además de hacernos chequeos médicos también miramos fútbol, porque la pasión por este deporte va desde los pechos hasta nuestros ovarios.

Por Anabela Gonzales

 

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