El cuerpo al servicio del arte

El cuerpo al servicio del arte

Flor de Feria en El Transformador
Agenda cultural para el finde en el Oeste
Rockea BA llega a Ituzaingó

Sofia Gelpi, vecina de Ituzaingó, una artista altamente capacitada, docente y gestora cultural, forma parte de dos espectáculos que están en cartel con apenas 24 años. Además, da clases de Trapecio para adultos en la Escuela de Circo de Pies a Cabeza y es la creadora de la Varieté Coneja.

Nos costó mucho encontrarnos entre sus tiempos y los míos, pero valió la pena la espera porque al momento de la charla los temas surgieron en cataratas y ya éramos como dos viejas amigas reencontradas. Sentadas en una de las mesas de mi  escenografía preferida en Ituzaingó, hablamos más de una hora sobre su carrera, su profesión, su vocación, su pasión. Es todo junto: Sofía es el cuerpo en el proyecto, en cada uno de ellos. Los proyectos que encara, los hace con la certeza de la felicidad que alcanzará al llevarlos a cabo y eso se nota en sus palabras justas, claras y en su voz suave y tranquila, aunque esté cansada de una larga jornada y la semana continúe.

 -¿Cuándo empezaste a pensar que tu camino era lo artístico?

-A los 15 años más o menos. Digamos que desde chiquita siempre quise hacer teatro, hice talleres y todo y a los 16 cuando iba al colegio me decidí y encaré a estudiar por mi cuenta, me iba en combi al centro a la Escuela de Alicia Zanca a estudiar teatro. Y empecé a hacer circo, me iba al Transformador en Haedo y hacía tela. Nunca había visto nada, no sé muy bien por qué me surgió, pero fui preguntando y una vez que empecé ya desde la primera clase me enamoré. Y ahí arranqué. En ese momento no había referencia, uno decía que hacía tela  y era raro. Terminé el colegio y quise entrar al IUNA, hice el curso pre universitario, y apenas hice el curso tuve fonética y la profesora me dijo “tenés que ir a la fonoaudióloga mucho tiempo antes de volver”. Me dijo: “No te hagas esperanza de que puedas entrar porque acá exigimos mucho, sobre todo la voz”. Así  que bueno, claramente no quedé.

-¿Te afectó esa primera percepción de un adulto que casi sin conocerte intentó poner palos en la rueda?

-Más o menos, hice fonoaudiología y después no volví. Pensé “uh, ¡qué bajón! Pero ya fue, tengo 18 años, no me importa”. Era mi primer año de organizar mi agenda, organizarme yo como quería mi manera de formarme y entrené un montón, dos años. Empecé a ir a ver espectáculos de La Arena (Escuela de Circo dirigida por Gerardo Hochman que se dicta en la Universidad Nacional de San Martín), que era la formación que tenía en mente. Audicioné para entrar, entré y ahí estuve cuatro años y paralelamente seguía formándome con otros docentes, haciendo talleres y cursos.

-¿Qué pensaba la familia en esos tiempos de formación de una profesión que no ofrecía título?

-Como que todavía no se podía encasillar bien. Si bien todavía yo no trabajaba, daba clases y con eso me pagaba mis clases. Me pasaba que había gente que me decía “no estás estudiando ni estás trabajando”, y yo estaba siempre re ocupada, pero era otra forma: yo fijo tengo las horas que doy clases, lo demás es inestable e inseguro y a la vez libre. Todo el tiempo estoy en la búsqueda de nuevos trabajos, no me quedo quieta.

-¿En qué espectáculos estás trabajando este año? El año pasado tenías dos espectáculos en paralelo en cartel y una Varieté mensual en tu casa.

(Se sonríe) -¡Estamos haciendo las tres cosas justamente! El año pasado es como que empezó a florecer todo y ahora es que está más consolidado. El que estamos haciendo para toda la familia es Desconcertistas, una obra de clown acrobática que estrenamos en mayo del año pasado. La hicimos durante todo el 2014 y este año seguimos haciéndola. Además, tenemos una temporada de más funciones, porque en vacaciones de invierno se trabaja si es posible todos los días ya que los niños están predispuesto y las familias también. Por suerte ya nos van llamando para contratarnos, antes teníamos que salir a buscar – no digo que no lo hagamos ahora también, aún seguimos tocando puertas–, pero de repente es muy lindo que te llamen y te digan “me recomendaron la obra” o “chicos, nos encantó cómo vinieron a trabajar, queremos que vuelvan”, es genial.

 -¿Ustedes mismos hacen la producción?

-Sí, nosotros. A mí me gusta. La verdad que lo que más me gusta de todo es actuar, pero no me es tedioso hacer la parte de producción, me gusta, y la verdad es que son mis primeros trabajos y yo los quiero defender y llevar a los mejores lugares. Creo que así también se aprende un montón. Quizás el día de mañana ya no lo haga más, pero creo que se aprende de todo: desde cómo desenvolverte, cómo hablar, cómo comunicar, qué cosas se pueden esperar, qué cosas no. Yo cuando empecé pensaba “¿cómo no nos dan esto, ni esto?”, pero después te vas acostumbrando a ser menos exigente y con lo que hay hacer que brille, como se pueda. Así que por ahora somos productores, actores, directores de la obra (risas).

 -Son dos en escena, ¿cómo se manejan sin alguien más en quien apoyarse para el desarrollo escénico?

-La historia cuenta un viaje a Rusia de los dos personajes y exige que estemos en escena a full, los dos de punta a punta. Salimos dos veces atrás de escena para buscar objetos y volver a entrar, es muy linda y es para toda la familia. Tuvimos fechas sin niños, todos adultos, disfrutando, y estuvo bueno porque la obra tiene un lenguaje que no es infantil sino de dibujitos animales: tal vez, un lenguaje que nos gusta a todos, a un adulto y a un niño de dos años que no entiende el argumento, que le atrae más lo visual o la música. Para nosotros es muy gratificante.

 -¿Y ADN?

-ADN (Algo de Nosotros) es la obra con la que terminamos la Diplomatura de Artes Escénicas con especialidad en Circo en 2013, fue como una tesis. Es un proyecto con Dirección, lo dirige Gerardo Hochman, el director de la carrera. Al principio se pensó como una muestra de fin de año, para nosotros fue una experiencia muy linda. Para el público trascendió el tema de muestra y la obra se fue profesionalizando más, cambiando. Casi todos los compañeros, salvo algunos que se fueron de viaje a seguir formándose afuera y tuvieron reemplazo, son los mismos. Es una obra que no tiene escenografía, no tiene objetos, no tiene ningún elemento más que los doce cuerpos en escena que cuentan Algo (De Nosotros) y hablan sobre la evolución del hombre. El vestuario es como una nueva piel y es intensidad, puro cuerpo en todo sentido. Está buenísimo.

 -¿Se puede vivir del arte? Algunos dicen que no.

(Risas) -¡Sí! Es un mito que estamos encargándonos, por lo menos creo que mi generación y las que están antes y después, tratando de desmitificar un poco. Están habiendo propuestas por todos lados y ganas de hacer. Yo tomo clases en un lugar, me voy a ensayar a otro, tengo investigación, doy clases,¡y la cabeza no me para! A veces es difícil cortar, como es una pasión y un gusto, decir “bueno, basta, desenchufo”. Y también hay algo de lo que uno elige destinarle tiempo y energía que por ahí no es productivo económicamente, muchas cosas son búsquedas que pueden llegar a destino y no, para eso es necesario tener disponibilidad absoluta y toda la predisposición.

-Necesitas también una familia que banque y apoye esos tiempos diferentes. Vos, de hecho, ¡creaste la Varieté Coneja en tu casa!

-¡Total! Un dia estábamos con mi mamá en casa y le dije: “Che, mamá, se me ocurrió hacer una varieté en el jardín de casa, acá iría el escenario, acá la barra”. Y mi mamá se re copó. Me viene a ver siempre, le encanta y me dice “dale, hacelo”. Me pasaba que los artistas que venían me decían “¿qué onda tu mama, te deja?” y yo les decía “¡chicos, mi mamá es esa!”, y la veías a mi mamá re copada llenó, viniendo, trayendo”. El ciclo de varietés en casa estuvo muy bueno, porque es muy especial que sea en el jardín de un hogar. Tal vez vuelve, aunque de todas formas el mismo espíritu lo pudimos trasladar al lugar donde estamos ahora. A la varieté la organizo yo y por eso termino como termino (risas). Convoco a los artistas, me encargo de todo. Después en el momento de la varieté, en las dos horas que dura, tengo gente que me ayuda, amigos que atienden en la barra, que pasan música. Pero no es una noche, es mucho trabajo previo de agendarte detalles que se van acumulando. Me ha pasado a veces de tener que resolver todo en ese dia, ¡y es un montón! La verdad es que a mí me gusta disfrutarlo, yo lo re disfruto, disfruto ver como se ríe el público: generalmente son familias. Me da mucho placer saber que tiene un sentido todo esto, y aparte por lo general hay muy buena onda de artistas admirados que vienen desde capital, del público.

 -¿Con todo este trabajo tenés proyectos pendientes?

-Estoy con ganas de armar un unipersonal de clown con mi valijita de acrobacia, con un poco de ula-ula, con todo. Armar un espectáculo solita con dos formatos para hacer en sala y para hacer en la calle. En la calle uno se planta ahí con todos los riesgos que implica, es un acto de coraje y valentía de decir “este es mi arte”, es mucha adrenalina, es hermoso. Es diferente porque uno no tiene la contención de una sala ni ese contrato que uno firma implícitamente cuando entrás a una sala a ver una obra, pero me interesa.

 Más información de Desconcertistas en https://www.facebook.com/desconcertistas; de ADN en

https://www.facebook.com/masdificilaun.circo.

 

Por Ludmila Báez

COMMENTS