Emiliano Mottola, un ejemplo de empuje y perseverancia

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Con la inocencia de un niño…
A veces, a todos nos pasa, nos quejamos de lleno, o por pequeños problemas, y es ahí cuando es necesario hacer conocer historias como estas, como la de Emiliano Mottola, un joven de 28 años, vecino de Ituzaingó, del barrio Santa Cecilia, Udaondo.

Emiliano es igual a todos los demás jóvenes, tiene esa chipa de juventud que lo hace hablar sin parar con chistes de por medio, pero atrás de tanta buena onda hay una historia muy movilizadora.

Él pudo no haber nacido, de hecho ese es el primer milagro inexplicable de su vida, su madre biológica, de la cual no habla demasiado con el título de “mamá” intentó abortar a él y a su hermano mellizo al cuarto mes de embarazo, su hermano, quien se encontraba apoyado sobre Emiliano, y se había desarrollado dentro de él, muere dentro del vientre al cuarto mes. Cuando él logra nacer los médicos se encontraron con que poseía el 30% de órganos dobles, entre ellos hígado, páncreas y vaso. Sumado a esto nace con una enfermedad llamada mielomelingosel, que es un problema en la médula.

Durante sus primeros años vivió con su familia biológica, abuela y madre, quienes no cuidaban mucho de él, y terminaron perdiendo su tenencia cuando a su edad de 3 años, producto de una golpiza le provocaron un traumatismo de cráneo e hipotermia por dejarlo en invierno en un fuentón de agua. Tomó caso la justicia, y jamás encontraron a su madre. Cuando uno escucha esta historia no podés dejar de sorprenderte a medida que avanza, pero más sorprende ver con que integridad lo cuenta.

Familia del corazón
A raíz de ese suceso lo trasladan a un hospital para niños a cargo de la monja fundadora Sor Ludovica, dónde conoce a quien hoy es su madre del corazón, la mujer que lo crió y amó. Blanca, una empleada del hogar, se encariñó con ese nene tan revoltoso y ruidoso a pesar de los problemas que atravesó. Al año se lo lleva del hospital y consigue la media tenencia a través de la justicia, quien seguía conservando la otra mitad.

Ella lo crió hasta los diez años, atravesando por situaciones muy complicadas ya que Emiliano tenía mucho rechazo a la familia, a las fechas festivas, etc.

Yo me acuerdo que antes en el hospital en Navidad estaban todos los chicos con sus padres y yo siempre solo, y rechazaba todo lo que era familiar”.

Debido a estos problemas la jueza decide trasladarlo a un hogar con centro de día y ella con la tenencia los fines de semana. En el hogar estuvo hasta los diez años, cuando una familia pide adoptar a Emiliano.

Su padre adoptivo, quién no era muy responsable, a los 10 años le enseñó a disparar con armas, lo que fue causal de que vuelva a un hogar en Palomar, cuyo dueño, José, es actualmente su padre de corazón.

Un adolescente que quiere abandonar el nido
El hogar Luz del Alma, sería su casa hasta los 21 años, mientras seguía teniendo contacto con Blanca esporádicamente y era cuidado por José. A la edad de 11 años le detectan una fístula infecciosa que estaba a un centímetro de llegar al hueso, lo que hacía que peligre su vida, ahí es cuando su padre se hace cargo de su cuidado y la justicia le pasa la tenencia de Emiliano a José. Los médicos le habían avisado que sólo le quedaban tres meses de vida; inexplicablemente esa herida cicatrizó sola, otro milagro en la vida de ese nene.

Ya habiendo perdido su pierna derecha por problema de crecimiento y por no tener sensibilidad en ella, a los 21 años pierde su pierna izquierda a causa de gangrena, que estaba avanzando cada vez más. La operación duró alrededor de 16 hs, y en el medio sufrió un paro cardio respiratorio, ya que por no tener mucho tiempo los médicos cortaron una arteria que comunicaba al corazón.
Habiendo pasado todos estos golpes de la vida, hoy él se puede sentar en la silla de ruedas y manejarse sólo, lo que le habían pronosticado que era imposible, ya que no posee cadera.

Luego de este último suceso Emiliano decide abandonar los hospitales y hogares y comenzar una vida nueva donde se mantendría por su cuenta.

Emiliano y su familia: Los finales felices se construyen
Un día, trabajando en una calle de Ramos Mejía, conoce a Sabrina Ferrari, de 25 años de edad (su actual esposa), quien también había tenido problemas y estaba trabajando de promotora allí. Sabrina es madre de dos niños de 8 y 4 años, Agustina e Ian, a quienes crió sola con mucho esfuerzo.

Al principio cuando conocí a Emi no lo podía ni ver, pasaba siempre con esa cara de serio y a mi me daba bronca, hasta que un día me lo presentó un amigo en común que trabajaba en la calle también, y ahí empezamos a hablar. Al poco tiempo nos pusimos a salir”

Están casados legalmente hace dos años, los nenes le dicen “Papá” a Emiliano y tienen lo más importante, contención familiar. El principal obstáculo es la dificultad que tiene él para conseguir trabajo, ya que a pesar de contar con una carrera en Informática, nadie lo llama. Actualmente consiguió trabajo en una pizzería, lo que para ellos es un empujón increíble. Ahora la familia debe resolver donde vivirán a partir del mes de Junio de este año, ya que el dueño de la casa, no sólo les quiere aumentar cuando no corresponde sino que también no les renovará el contrato.

La familia de Sabrina, quienes no podían entender o se negaban a su relación, hoy en día ven que a pesar de sus problemas económicos, son felices, los chicos están contentos, tienen una familia. “Mi vieja aceptó todo cuando vió que mi hija Agustina cambió su humor y estaba feliz. Ahora nuestro problema es encontrar una vivienda cercana para no cambiar a los chicos de escuela”

Es importante leer esta historia de vida y quedarse con lo esencial, a pesar de los problemas siempre podemos seguir y encontrar personas en el camino que nos hagan felices, así como Emiliano la encontró a Sabrina, hace ya tres años.

Por Marina Smulski

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