Falleció Pepe Piguillem, uno de los curas más emblemáticos que tuvo Ituzaingó

“El cura que andaba en bicicleta“, titulaba Pagina 12 hace un año cuando presentaba el libro de la historiadora Maria Elena Barral sobre los curas tercermundistas en Argentina. En la nota, el matutino cuenta la historia de  Pepe Piguillem Rocasalba, “el más rebelde de todos”, “El cura Pepe de Moreno”, aquel que supo ser párroco de San Judas Tadeo en nuestro querido Ituzaingó y que no solo revolucionó a toda la comunidad católica de entonces, sino que dejo una huella imborrable en muchos de nosotros.

La llegada de Pepe a Ituzaingó

Corría el año 1985 y luego del fallecimiento del padre Novak, el obispado de Morón decide nombrar cura párroco de la iglesia católica más importante de Ituzaingó, a José Piguillem Rocasalba. Vaya si era una novedad: Una comunidad conservadora de clase media alta, de ideas políticas derechosas y anticomunistas, recibiría al cura villero, tercermundista y rebelde más famoso de la región Oeste. Llegaba de Moreno, de Cuartel Quinto, de resistir la dictadura y organizar la pobreza. Otro gran obispo argentino, de Ituzaingó: José Gentico había intercedido ante Monseñor Laguna para que Pepe venga a nuestra ciudad. Muy a pesar suyo pero con una obediencia ciega, Pepe aceptó el reto y llegó a Ituzaingó.

Un pasacalle puesto frente a la parroquia denunciando a Pepe por comunista, colocado (después se supo) por algunos dirigentes de la comunidad parroquial, sería su carta de bienvenida. Nosotros, que éramos los jóvenes de la parroquia, no lo conocíamos, apenas sabíamos de él. La llegada de Pepe a muchos de nosotros nos cambió la vida, nos formó y nos entregó a mundo de los adultos llenos de ideas, de proyectos y de vocación política.

Pepe llegaba sin conocer prácticamente a nadie, la parroquia se llenaba de murmullos por su historia en Moreno. Perseguido por la dictadura, exiliado y vuelto al País luego del 83, Pepe cargaba en su mochila los años de plomo en la barriada de Moreno.

El 20 de agosto de 1976, José Piguillem llegaba en su bicicleta al barrio Parque Gaona. Iba a la casa donde vivía junto a Luis Dourron, un jesuita recientemente incorporado a la diócesis de Morón. Cuando faltaba una cuadra, un conscripto lo paró y le dijo que no podía pasar porque estaban haciendo un procedimiento en la casa del cura. O sea, él. El joven no lo reconoció. Probablemente no lo conocía y tampoco podía descubrir en ese hombre de 45 años a un sacerdote. No había señas evidentes de esa condición. El cura Pepe, como lo llamaban sus feligreses, casi nunca llevaba la típica camisa sacerdotal gris o negra con la tira blanca en el cuello y, mucho menos, sotana. Andaba en bicicleta, con jeans gastados y, en verano, con sandalias. No se apreciaban imposturas propias del “estado clerical” ni en el atuendo, ni en su actitud”

Piguillem tampoco había advertido que lo buscaban a él cuando le impidieron pasar a su casa. En alguna medida lo sorprendió que las amenazas que había recibido se concretaran de ese modo. Aunque el mensaje que le habían hecho llegar era claro: debía irse; de lo contrario, le pasaría lo mismo que a Angelelli, el obispo de La Rioja, asesinado apenas unas semanas antes.” (del libro “Historia de la iglesia contada desde abajo”)

Llegado a Ituzaingó, Pepe se reunía con los jóvenes en casas particulares. Recuerdo las reuniones en mi casa de la calle Posadas. El grupo era muy pequeño,  pero pronto creció junto a la admiración que empezamos a reconocer en este cura tan sencillo como mundano que nos hablaba de pobreza, de política y del evangelio.

En pocos meses, la parroquia junto con el colegio se llenó de jóvenes. Campamentos, misiones, grupos de solidaridad en las barriadas de Ituzaingó y de discusión política. Seminaristas como Jorge Cebei o Gabriel Barba (hoy obispo) lo acompañaban en la tarea que le habían encomendado y que Pepe asumía en plenitud. San Judas se había revolucionado y nosotros felices.

Pepe fue sin dudas uno de los curas más emblemáticos que tuvo nuestra ciudad. Fue también el maestro de muchos dirigentes políticos que hoy adultos ya, surcaron la vida institucional de Ituzaingó. Fue una etapa maravillosa que lamentablemente no volvió a repetirse.

Feliz viaje Pepe y gracias por tanto. 

Por Sebastian Sanguinetti

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