Historia del Tranvía que circulaba por Ituzaingó

Historia del Tranvía que circulaba por Ituzaingó

Hace un centenar de años atrás, cuando la ciudad de Ituzaingó no era ni remotamente lo que hoy podemos observar en términos urbanísticos, cuando de un

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Hace un centenar de años atrás, cuando la ciudad de Ituzaingó no era ni remotamente lo que hoy podemos observar en términos urbanísticos, cuando de un lado y otro  del trazado ferroviario todo era campo entre algún que otro islote de casas bajas y comercios, un grupo de inversores desarrollistas, comerciantes y vecinos, tuvo una iniciativa que pronto se concretó, instalando un servicio tranviario que unió la propia estación de ferrocarril de Ituzaingó con un incipiente barrio o caserío, conocido hoy como barrio Villa Ariza..

Aquel servicio tranviario se inauguró oficialmente, el día 24 de mayo de 1914,  con la presencia del Intendente de Morón, Don Ernesto Grant. El circuito tranviario  se iniciaba en la estación de tren, continuaba  por las actuales calles Las Heras  hasta Alvear, seguía  por Alvear  hacia Olavarría, bajando por ésta última hasta Defilippi y  por Defilippi hasta concluir el recorrido al llegar a la intersección con Lavalleja.

Se colocaron vías con durmientes de quebracho, se construyó la terminal de mampostería, se hicieron desagües, alcantarillado, etc., y se adquirieron tres coches/tranvías de la Ciudad de Buenos Aires que estaban en desuso y que en principio, fueron tirados por cuatro caballos. En su apogeo el servicio se brindaba todos los días con partidas cada 45 minutos aproximadamente. En 1926 se motoriza la prestación, reemplazando la tracción a sangre por un motor Ford.

Frente al vencimiento de la concesión al cabo de 20 años, el desinterés público y la competencia del advenedizo transporte de colectivos, el tranvía suspendió sus servicios de manera definitiva en el año 1937. Este curioso suceso se encuentra cuidadosamente compendiado y documentado por el Museo local “Clarisse Coulumbié de Goyaud”.

El último vestigio de existencia del tranvía, que desafía irreverente e insolente el paso del tiempo y del desarrollo urbanístico de la ciudad, son  dos tiras de rieles de unos cinco metros aproximados, que lucen impertinentes en el asfalto de la mítica intersección de la denominada “seis esquinas o Los Portones” entre las calles José María Paz y Defilippi.

Desde luego que este legendario suceso, no pasa inadvertido para los vecinos y comerciantes del barrio de Los Portones, adyacentes a la última huella existente del  paso tranviario.

Cuenta, don Vicente Pugliese, un vecino de 93 años de edad, hombre inquieto y activo aún, siempre promotor, generador y colaborador de la movida cultural ituzainguense, que hace unos cuantos años atrás, le surgió la idea de erigir un monumento que recuerde el fabuloso paso del tranvía por la ciudad. Este inagotable militante de la cultura popular,  fue conquistando conciencias y aunando voluntades vecinales para peticionar a las autoridades locales la erección de dicho monumento. Su iniciativa halló amplia acogida entre los vecinos y comerciantes de la zona, pero topó con una férrea oposición respecto al lugar de ubicación de la obra. Su idea concebía la colocación del monumento en la esquina de las arterias General José María Paz y Capitán Rodríguez Flores, mientras que otro grupo encabezado por el martillero don José Carlucci, titular de la inmobiliaria del mismo nombre, quería que el mismo sea instalado en la intersección de las calles General José María Paz y Concejal Nicolás Defilippi. Don Edgardo Carlucci, hijo del mencionado don José, cuenta que hace unos años atrás, don Vicente Pugliese fue a ver a su padre y a otros vecinos y comerciantes de la zona, con la novedad de sumarlos a su reivindicativa propuesta. Unánime fue la recepción de la misma, no así el lugar de ubicación.

Los “unos” dijeron enfáticamente: -todos los vecinos acordamos que se ubique la estatua en Paz y Rodríguez Flores a excepción de ése, que  se cree el intendente de “Los Portones”, que quiere colocar el monumento en la puerta de su negocio. Se lo quiere apropiar-. Los “otros” endilgaron: -que al testarudo ése, no había forma de hacerle entender que la estatua no podía ubicarse en la esquina que proponía. Su lugar natural debía ser acá, en la esquina de Paz y Defilippi, frente a los restos, aún presentes, de las vías del tranvía.

Todos estábamos de acuerdo en ese sentido, menos él. Hombre muy obstinado-. Imagino la elegancia y locuaz verborrea de aquella trivial reyerta vecinal. Imagino el mancomunado entusiasmo inicial de la convocante idea y el mancomunado amargo desenlace al naufragar ese fervor frente la incapacidad de “unos y otros” por saldar una discusión, a todas luces, incidental y probablemente superflua. Y fue así como, aquella feliz iniciativa se fue poco a poco diluyendo hasta quedar trunca y casi olvidada.

Para un joven Municipio como nuestro querido Ituzaingó, que no alcanza aún a sus primeros veinte años de vida, y para su comunidad, es fundamental hacer el mayor esfuerzo posible por destacar y visibilizar su génesis, su historia, sus orígenes, sus rasgos de identidad. El sólo hecho revelador de que por ésta Ciudad funcionó un inusitado, pintoresco y extravagante servicio tranviario, lo hace merecedor de un reconocimiento. Arena de otro costal, sería indagar si el tranvía fue un factor de desarrollo de la ciudad y en su caso en que medida, seguramente lo fue en alguna proporción. Pero lo importante, lo realmente importante  y trascendente al efecto de aportar identidad a nuestra comuna es inmortalizar aquél inédito suceso, mediante el levantamiento de un monumento, tal como lo pensó don Vicente Pugliese, pero alzándolo  en la esquina de las calles General José María Paz y Concejal Nicolás Defilippi, tal como lo imaginó don José Carlucci, frente a las huellas que atestiguan, sin lugar a dudas, su paso.

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El próximo año, precisamente el 24 de mayo de 2014, se conmemorará el centenario de la inauguración oficial del extinto servicio. Esa fecha será propicia para circunscribir un digno y meritorio homenaje al tranvía, mediante un célebre acto donde comulguen autoridades municipales, docentes, directores y alumnos de escuelas de la zona, vecinos y comerciantes del barrio, y coronado en un monumento que aneje al pie del mismo una placa que rubrique con una leyenda,  los hechos históricos y haga referencia a la huella de los rieles, que a la vista de los transeúntes, certifica su indubitable paso.

Esta demanda que no es propia, pero tampoco ajena, que es de  “los Pugliese”, de “los Carlucci”, de don Rolando Goyaud (titular del museo mencionado y recopilador  de sucesos históricos), de los memoriosos vecinos de “los Portones”, de aquellos hombres artífices del conmemorable suceso, de la comunidad ituzainguense en general y, de  aquellos amantes de la cultura y la memoria de las comunidades, invita a seguir conquistando conciencias y aunando voluntades y, especialmente invita a las honorables autoridades municipales a que materialicen este deseo y sueño de muchos.

Por Pablo Molins

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