Ituzaingó, 103 años: una cita con la historia

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Un 1° de Abril, pero de 1912, en el “Bar de Bagnacedri”, ubicado en Las Heras y Zufriategui, nació el Club Atlético Ituzaingó. En un sitio por entonces alejado de la urbanización que se conoce hoy en día, el Verde, el León, el CAI, dio su primer suspiro.

Para encontrar los iniciales datos plenamente futbolísticos, hay que remontarse a 1911, cuando se instaló el club Estudiantil Porteño el barrio, donde vecinos se reunían a jugar al fútbol, y en 1912 crearon el Club Social Ituzaingó, que luego pasó a llamarse Club Atlético Ituzaingó. E inmediatamente adoptaron los colores del club Ferrocarril Oeste, de gran influencia en la zona. Con al pasar de los años, el C.A.I. comenzó a tomar la esencia con la que se lo conoce hoy en día.

Si bien en sus inicios estaba dedicado a la práctica del fútbol por parte de los vecinos, con el desarrollo de esta actividad, Ituzaingó – con su cancha en la actual Plaza 20 de Febrero – comenzó a ser uno de los puntos principales en el Oeste para llevar a cabo la práctica de este deporte.

Durante gran parte de su vida, el club se dedicó a crecer. Jugando diferentes ligas y torneos zonales continuó desarrollándose en el plano futbolístico.

En 1961, una época donde el fútbol ya no era atracción de unos pocos, sino pasión de multitudes, el Verde dejó atrás los torneos zonales, para comenzar a figurar en las principales ligas del Ascenso Argentino, participando de la Tercera del Ascenso, hoy conocida como Primera D.

En los 80’ y principios de los 90’ el León tuvo un período de oro, el más importante de su historia, repleto de hazañas y triunfos. Se asentó en el fútbol de alto nivel y su primer gran logro llegó en 1982, cuando consiguió el subcampeonato de la mencionada categoría, detrás de Defensa y Justicia (hoy en Primera División). Sin conformarse, en 1989 logró el ascenso a la Primera B Metropolitana, luego de ganarle la final a Excursionistas.

Durante esos años, Mariano Acosta y Pacheco se convirtió en un centro de encuentro para todos aquellos vecinos de Ituzaingó interesados por el fútbol. Un club humilde y que siempre la peleó en soledad, estaba en una de las más altas esferas del fútbol argentino.

Ituzaingó continuó creciendo a pasos agigantados. Hasta que en 1992 consiguió el título más importante de su existencia: el ascenso a la B Nacional del fútbol argentino, luego de derrotar a Los Andes, por penales, en la cancha de Independiente.

Ituzaingó se mantuvo durante dos temporadas en la segunda categoría más importante del fútbol nacional 1992/1993 y 1993/1994. A partir de allí, comenzó una caída libre: primero descendió a la B Metropolitana y al año siguiente a la Primera C. De tenerlo todo, a conformarse con míseras migajas.

Tuvieron que pasar seis años y tres finales para que el Verde vuelva a sonreír. Porque recién en el 2001, cuando la gente no tenía muchos motivos para sonreír en el Oeste, volvió a aparecer el fútbol y volvió a aparecer Ituzaingó. En esa ocasión derrotó en la final a Laferrere y consiguió, en la cancha de Morón con récord de recaudación para la Primera C, volver a la Primera B Metropolitana.

Ituzaingó no se pudo asentar en la categoría y al año siguiente volvió a sufrir el descenso a la Primera C, donde militó hasta el 2005. Ese año sufrió uno de los golpes más duros de sus 103 años de vida: luego de haber pasado por las categorías más importantes del Ascenso y de 23 años, retornó a la Primera D, la última categoría del fútbol argentino.

La herida se curó rápidamente, ya que al año siguiente el Verde volvió a la Primera C, tras ganarle la final a Liniers. Pero parece que el destino no estaba del lado de Ituzaingó, y el equipo volvió a descender en el 2006.

Fueron los peores siete años de la historia de Ituzaingó. Siete temporadas consecutivas en la Primera D. Siete torneos en los que el Verde nunca tuvo la oportunidad de ilusionar a sus hinchas con un nuevo ascenso.

Para suerte de muchos, llegó el 2013 y en una final de película, Ituzaingó derrotó a Riestra, por penales y en condición de visitante. El Verde volvió a la C después de siete años.

Pero el destino volvió a decir “presente” en el 2014 e Ituzaingó sufrió un nuevo descenso a la Primera D.

Es el día de hoy en el que el León del Oeste continúa en la última categoría del fútbol argentino, luchando día a día para salir adelante, sin que le sobre, ni le regalen nada.

El Club Atlético Ituzaingó es una de las pocas cosas que sobrevive hasta el día de hoy, y que vio nacer al barrio, crecer y desarrollarse.

Sonrisas, lágrimas de felicidad, lágrimas de tristeza, desahogos, momentos imborrables, heridas incurables, abrazos con desconocidos. Las ganas de decir “¿por qué tanta mala sangre?” y al sábado siguiente estar otra vez en la cancha, acompañando. Y mirar para la derecha y ver siempre a las mismas personas, con las que uno tiene la complicidad y el orgullo de, por medio de los pensamientos, decirse: “somos parte de la historia”. Porque hoy el Verde está perdiendo, y mucha gente sostiene que acompañar a un equipo de la Primera D es una pérdida de tiempo. Pero lo que no entienden es que para muchos hinchas, la compañía más sentida es la de su equipo de fútbol, la de Ituzaingó. Porque el Verde, para muchos, es un conjunto de todos los sueños de su vida, alcanzados, por alcanzar y fracasados, los recuerdos del pasado y la simple alegría del momento. En una camiseta blanca, con bastones verdes se esconce la pasión de hinchas que han acompañado a un equipo durante 103 años.

Aldo René Bazán, Víctor Hugo Benítez, Ángel Figueroa, Aldo Ferraresi, Oscar Ibáñez. Algunos de los tantos nombres que han decorado la historia.

Por Lucas Romero

 

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