La curiosa historia de José Ariza, el fundador del barrio Villa Ariza

La curiosa historia de José Ariza, el fundador del barrio Villa Ariza

¿Que pensaban nuestros patriotas del 12 de octubre de 1492?
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Estamos en 1907 cuando un fabricante de cigarrillos, el señor José María Ariza, organiza un sistema de estímulo al consumo, que regía con distintos premios como práctica habitual en dicha industria.

Algunas marcas premiaban la presentación de un número determinado de marquillas (envoltorio del atado) con relojes, postales, etc.
En este caso, el señor Ariza ofrecía por quinientas marquillas vacías, un lote de terreno en la zona que al presente conocemos como Villa Ariza y comprendida entre las actuales calles: José María Paz, Lavalleja, Paysandú, incluyendo “Los Portones” de la localidad de Ituzaingó.

Posteriormente, la Municipalidad de Morón aprueba los planos de subdivisión con el nombre de Villa Esperanza, pero la costumbre hizo que se le conozca como Villa Ariza.

Pero el proceso de la Villa y la consiguiente venta de lotes, se ve en parte dificultada por el difícil acceso a la zona. Los pobladores debían trasladarse con medios precarios hasta las estaciones Ituzaingó o Castelar, donde una todavía no buena frecuencia de trenes a vapor, los acercaba a la Capital.

Posteriormente la fábrica de cigarrillos del señor Ariza cierra y se hace cargo de las tierras la firma “Pasquié y Cía” y el Banco Supervielle. Simultáneamente, la instalación de un horno de ladrillos con un poblado incipiente, propiedad de don Nicolás Defilippi, da actividad a la zona.

La historia del Tranvía de Ituzaingó
Y es entonces por el año 1913, que surge la curiosa historia que motiva nuestra nota. Un año antes, la empresa Pasquié y Cía. Construía el túnel que lleva las vías del entonces ferrocarril Oeste hasta la estación bajo nivel de Plaza Miserere, para transbordar con el subterráneo. Esta relación con el sector ferroviario, debe haber facilitado la llamativa iniciativa de instalar una línea de tranvías entre la naciente Villa Ariza y la estación Ituzaingó.

Se adquieren tres coches tranvías que estaban en desuso por la compañía Anglo Argentina de Buenos Aires. Estos coches de buena madera de roble y fuerte tren rodante, poseían puertas corredizas, ventanas con cortinas que se alzaban y asientos todo a lo largo. Se cuenta que se pagaron cuarenta pesos cada uno, lo que significaba un verdadero regalo. La tracción por supuesto, era a caballo. Se compran durmientes y vías de segunda mano. La terminal de la Villa se la sitúa en las calles Defilippi y Lavalleja donde se ubican los galpones para depósito. La terminal de Ituzaingó a metros de la estación ferroviaria. Se desenganchaba el caballo para el cambio de sentido. El recorrido era totalmente llano con una única obra de mampostería en la actual esquina de Olavarría y Alvear. Se obtiene una concesión por el término de veinte años y el servicio es inaugurado el 24 de mayo de 1914 con la presencia del entonces intendente de Morón don Ernesto Grant.

Este primer recorrido luego algo ampliado, se realizaba de Lavalleja y Deffilippi (Villa Ariza) por Defilippi, pasando por Los Portones y calles Olavarría, Alvear, Las Heras hasta la estación Ituzaingó.

Años después, se amplían 150 metros para llegar al horno de ladrillos de Nicolás Defilippi y un pequeño tramo en Ituzaingó para acceder a la playa de cargas. De esta forma, comienza a utilizarse una zorra a caballo para el transporte de ladrillos, utilizando las mismas vías.

La empresa es denominada “Compañía de Tranvías Ituzaingó”. El boleto de pasajeros costaba 20 centavos y se adquiría en comercios de la zona y en el banco Supervielle en Capital Federal.

En 1928 se produce una gran innovación en el servicio. Ante la imposibilidad de electrificar el sistema, se aplica al tranvía un motor Ford de automóvil. Se lo colocó en una de las plataformas con un sistema de transmisión a uno de los ejes de ruedas. El problema que se plantea del cambio de sentido en el viaje, es solucionado por un circuito de vías en forma de triángulo en Villa Ariza y una plataforma giratoria en la estación Ituzaingó donde el coche era girado 180 grados para el regreso. De esta manera, el servicio se hace más frecuente y más seguro.

Pero el avance de pavimentos y líneas de colectivos, en especial las que llevaban pasajeros de la Villa hasta la estación Castelar, hacen que la vida útil de nuestro tranvía, el único que por cierto conocemos en la zona, se vea acortada y fue así que en 1937 cesa definitivamente su recorrido.

Antiguos vecinos de Ituzaingó, recuerdan su paso así como el nombre de sus conductores; Juan Pergolezzi, José Falgari, Albino Salvador y otros. Un resto de vías a la vista del pavimento en Los Portones (esquinas de Bacacay, Defilippi y José M. Paz), recuerdan su existencia.

Un coche tranvía en exposición en el Museo Histórico y de Artes de Morón, perteneciente a la misma época, nos permite imaginarnos como pudo ser el de Ituzaingó.

Una verdadera curiosidad histórica que unió una Villa recién nacida con un más antiguo pueblo que tenía desde 1874, el privilegio de contar con una estación ferroviaria.

Por Dr. Alberto Guercio

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