Norberto: El Flaco del Pochoclo

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-¿Norberto, te acordás más o menos cuándo arrancó la historia familiar con la venta del pochoclo?
Esto lo arrancamos con mi viejo hace ya más de 30 años, en los años 80, nosotros vivíamos en Merlo y una vez por equivocación nos bajamos en la estación de Padua y de ahí tomamos un colectivo que nos llevó todo por adentro de Ituzaingó, ahí vimos el Barrio Policial, (va el principio de lo que sería el barrio, porque no había casi nada), y mi viejo que fue comerciante toda su vida vio ahí la posibilidad de vender algo, no sabía el qué. Pensamos primero en lo que faltaba, y así se nos ocurrió lo del pochoclo, que para ese entonces por esta zona no había, fuimos los primeros. Una vez tomada la decisión conseguimos un triciclo, le armamos un carro atrás y salimos por los barrios a vender pochocho, manzanas acarameladas, chupetines, algodón de azúcar… y siempre fresco. Cuando arrancamos mi tía vivía cerca, íbamos, cocinábamos las manzanas y la gente nos esperaba haciendo una cola de 30 o 50 metros para llevarse una manzana calentita, recién hecha.

-¿Tienen algún lugar fijo para vender?
No, nuestro lugar es la calle. Nunca dejamos de recorrerla, ni lo vamos a dejar de hacer. Ahí es donde conocemos a la gente, donde los nenes nos regalan una sonrisa por un poco de algodón de azúcar, nos gusta estar en la calle. En la calle vivimos millón de anécdotas y buenos momentos, también algunos malos, pibes que andan descocados y pierden el respeto, pero eso es lo de menos, me encanta lo que hago. Yo vivo de la venta del pochocho, no lo tengo como una changuita, me dedico a eso.

-¿Podrías contarnos alguna de esas anécdotas?
Sí, por supuesto. La anécdota se da todos los días, la gente me confía cosas, viene y me charla y yo escucho y cuando puedo los ayudo. Y también me pasa de ir por los barrios, y que salga el padre de la casa a pedirme una bolsa de pochocho, o unas manzanas para los nenes, y que no tenga dinero y yo se la doy igual. Después viene a la semana y me sale a buscar para darme la plata, eso me llena de alegría. Siempre ando por barrios de laburantes, donde están los que menos tienen, pero no te fallan nunca. Son gente honesta, trabajadora y bueno yo me solidarizo.

Otra linda anécdota que te puedo contar es la del “pochocho internacional”, resulta que acá cerca, sobre la calle Verdún, pegadito al Club Kaly vivía un señor que toda la vida me compró pochocho, y después me compró su hija… hace unos años se fueron a vivir a Estados Unidos y -vos podés creer que el viejito viene todos losmeses y me compra el pochocho para llevarle al nieto-, Eso yo lo veo como un gesto de confianza y cariño, me reconforta mucho. Seguro que a mi viejo, que falleció hace 4 años ya le hubiera gustado mucho escuchar esta anécdota. Esas cosas siempre le pasaban a él, y de hecho le siguen pasando porque la grabación del carrito es la misma de siempre y cada vez que la prendo la gente sale de la casa porque reconoce la vos de él. En Merlo lo conocen todos y lo más importante es que lo quieren todos.

-Norberto, desde aquella llegada al viejo Barrio Policial hasta hoy, vos que siempre estás en la calle ¿ves un crecimiento en Ituzaingó?
Sí, sí creció muchísimo Ituzaingó. Para que te hagas una idea en esa época, la plaza de Ituzaingó no existía, era un baldío con 4 árboles. Ratti era un manojo de pozos, a veces el carro se quedaba enganchado o pasaba por uno y a los 5 minutos me veías salir, eran agujeros terribles. Imaginate que era todo de tierra, si llovía era un lodazal. Y ahora, la verdad es que después de tantos años de ser el orejón del tarro de Morón, tenemos que agradecerle mucho a Descalzo. Hizo muchas cosas buenas, también es cierto que falta mucho por hacer, y por lo general la gente se fija solo en lo malo, pero bueno yo creo que estamos bien. Sobretodo este barrio, Villa Ariza que sigue siendo un lugar donde los pibes juegan en la calle y los vecinos charlan en la vereda.

-¿Qué cosas aprendiste vendiendo pochoclos?
Aprendí muchísimas cosas, pero hay dos que me marcaron para el resto de mi vida, una es a confiar en la gente y otra tener códigos. Mirá te voy a contar una historia relacionado con eso de los códigos, ¿viste el pochoclero de la plaza? Él está ahí desde los comienzos, cuando nadie quería ir para esa zona porque no había nada, pasó frío y hambre junto a su esposa hasta que eso se convirtió en un pequeño centro comercial y recién ahí empezaron a vender. Se las bancaron todas, entonces ni yo ni ningún otro vendedor va a ir a ponerle el carrito en la esquina ni cerca de la plaza porque ahí está él, le pertenece por todo lo que aguantó.

-Veo que en la puerta ya no tenés un triciclo, sino un señor carro ¿Cómo fue el progreso?
Y uno siempre invierte en su negocio, como te dije antes yo vivo de la venta del pochoclo. Arrancamos con un triciclo, después tuvimos un carrito arriado por la Tota, que era una yegua hermosa que había comprado mi viejo y lamentablemente un día la dejó pastando y se la llevaron. Y ahora yo ando con este que tiene todos los chiches, dos parlantes grandes que se escucha la voz de mi viejo por todos lados, luces, etc.

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Por Florencia Lanzilotti

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