Opinión: “Grieta y reconciliación: pasado y presente”

Opinión: “Grieta y reconciliación: pasado y presente”

Por Mariano Steininger * Durante todo el año pasado, el Papa Francisco nos insistió mucho (a todos, no solo a los cristianos) sobre vivir según

¿Que esperan los vecinos de Ituzaingó de estas elecciones?
Últimos días para elegir el Barrio Más Lindo de Ituzaingó ¿Ya votaste?
Share on Facebook3Tweet about this on Twitter

Por Mariano Steininger *

Durante todo el año pasado, el Papa Francisco nos insistió mucho (a todos, no solo a los cristianos) sobre vivir según un espíritu de misericordia. Me parece que esto es algo a lo que los argentinos debimos y debemos prestarle especial atención.

La misericordia es un concepto sobre el cual se puede profundizar mucho; pero resulta sin embargo más interesante en esta ocasión, ir hacia un punto directamente relacionado. Se trata de uno de los efectos del actuar misericordioso: la reconciliación.  Y vaya si nos debemos una reconciliación.

Al respecto, la famosa “grieta” puede que sea una nueva denominación para describir cómo vivimos los argentinos, pero no es algo nuevo en sí. De hecho, hablando en dichos términos, nuestro país tiene una gran grieta desde que es país.

Desde su formación, a la Argentina la componen dos “espíritus nacionales”. Uno, el que siempre miró hacia el atlántico; liberal y racionalista. El otro, hispánico, latino, católico, aislacionista y siempre miró más hacia adentro. Estas corrientes (o “espíritus”) siempre se encarnaron en dos proyectos políticos diferentes. Unitarios y federales al comienzo, otros partidos después, pero siempre cada uno  de ellos con una clara identificación política.

Sin embargo, el problema no radicó nunca en las visiones en sí mismas sino en cómo se relacionaron entre sí: un combate con la perspectiva de eliminar o  desterrar para siempre al otro. Ahí estuvo y está la “grieta”.

La reconciliación entre los argentinos no hará (ni debe hacer) que las distintas visiones que tenemos sobre Argentina se fusionen en una y desaparezcan las diferencias. Lo que puede realizar y nuestro país necesita, es que desaparezca el mencionado objetivo de eliminar a la contraparte. Los dos espíritus nacionales deben reconocerse como tales y por tanto, necesarios para la existencia del país.

¿Cómo se logra esto? Bueno, he aquí lo más difícil, porque en el fondo, depende del corazón de cada uno de los argentinos. Sin embargo, la política debe hacer su aporte y dar el primer paso; no solo porque el asunto sea de naturaleza política, sino porque el poder es siempre causa ejemplar de una sociedad. Al respecto, la dirigencia argentina en general tiene un déficit que debe corregir.

El nuevo proceso político iniciado en Diciembre pasado dio paso a un cambio en el tono del discurso oficial, que ya no acusa diariamente de enemigos del pueblo y de la patria a todos los que intenten opinar diferente, así sean periodistas, pensadores, actores, empresarios o simples ciudadanos.

Este cambio no es en absoluto superficial, pero tampoco debe quedar en eso. Al contrario, tiene que ser el punto de partida para que todos los argentinos asumamos la responsabilidad de dejar entrar nuevos aires, serenarnos, y preparar el corazón para la reconciliación entre hermanos.

Solo ahí, cuando entendamos que la propia visión es más limitada que la realidad misma, cuando entendamos que los argentinos no somos unitarios o federales, sino ambas cosas, daremos un vuelco en la historia de esta tierra y cerraremos una grieta que ya lleva más de doscientos años de historia.

Director de Estudios Políticos y Monitoreo – Secretaria General – Presidencia de la Nación

 

Share on Facebook3Tweet about this on Twitter

COMMENTS