PADIMM Morón: un espacio de integración para jóvenes con discapacidad mental

PADIMM Morón: un espacio de integración para jóvenes con discapacidad mental

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Darío, Hugo, Pablo, Adrián, Gerardo, Melisa, Alberto y Cristian. Ellos son los ocho jóvenes, de entre 29 y 47 años, que forman parte de PADIMM, un hermoso grupo de compañeros que ayudados por sus padres trabajan para integrarse social y laboralmente.

PADIMM (Padres y Amigos del Discapacitado Mental de Morón) es un taller protegido que nace por 1998 con el objetivo de que los jóvenes padecientes de alguna discapacidad mental pudieran tener un lugar donde insertarse, tras egresar de la escuela de educación especial.

Fueron las familias de Adrián y Pablo las que tuvieron la iniciativa de crear el espacio y comenzaron de manera autogestiva, haciendo artesanías en un garage, las cuáles las vendían a amigos y cercanos con el fin de que sus hijos pudieran generar un trabajo que les sea agradable y en lo posible redituable a sus bolsillos.

Con el tiempo lograron hacerse conocidos de diferentes espacios de Morón que fueron de gran ayuda para que consiguieran la sede (Cristóbal Colón 849, Morón) en la cual se encuentran desde el año 2000 a la fecha. A través de amigos, empresas de la zona, el Club Leones de Castelar y un diputado que vivía en la misma localidad, adquirieron un inmueble en desuso al que luego le hicieron ciertas reformas de construcción para transformarlo en un lugar de trabajo.

Actualmente están en contacto con ciertas empresas y comerciantes de alrededores de Morón para quienes realizan diferentes tipos de trabajos y a partir del ingreso correspondiente, la ONG recupera los gastos invertidos y distribuye en forma igual para todos los miembros una remuneración para que puedan tener sus propios ahorros.

También elaboran ciertos productos como bolsas de consorcio, sobres o papel reciclado que, así como pueden vendérselos a Pymes, están a disposición del público.

De entre los trabajos que realizan se encuentran el armado de cortinas para puertas, sellado de fechas de vencimientos para etiquetas, armado de piezas para sanitarios y cañerías, y la preparación de las mencionadas bolsas de consorcio, sobres y papel reciclado.

Pero más allá del trabajo, los padres y madres que integran PADIMM y que acompañan a sus hijos durante los días de semana entre las 9 y 17hs, los alientan para que sean un equipo y el compañerismo sea el pilar fundamental del lugar.

Ellos son los que colaboran, los que hacen absolutamente todo como en la casa, expresa Beatriz Salamanca, mamá de Gerardo y presidenta de la ONG. Hacen los trabajos que tienen que hacer, pero también trabajan en la cocina, los baños, lavando y limpiando todo.

Cada uno se trae la comida y se calientan, agrega Vilma, vicepresidenta y mamá de Melisa. Después ellos lavan. Uno lava y el otro seca y al otro día, el que seca, lava. Y así se van rotando y entre todos hacen las distintas tareas.

Desayunan, almuerzan y meriendan en el taller. Al terminar el almuerzo, tienen un rato de descanso. Cuando estamos comiendo se arma el debate sobre fútbol, describe Hugo, joven de 32 años que conforma PADIMM. Quien gana, quién pierde, quién no. Muchos son hinchas de Morón y entre algunos se organizan para ir a verlo juntos a la cancha.

Dos veces por semana reciben la visita de una psicóloga, que trabaja tanto individualmente con cada uno de los jóvenes, como grupalmente, cuando así lo requieren. Es un grupo muy cómodo y muy tranquilo, por lo general, comenta Vilma. No tienen problemas graves de discusión y si los tienen se trata de solucionar. Todo se arregla y se habla.

También los visita un profesor de música que va una vez por semana y les da clases de guitarra y harmónica.

Beatriz, que junto con su hijo Gerardo están en PADIMM desde el 2002, se convirtió en la presidenta hace poco tiempo. La colaboración es solamente de las familias de los jóvenes. No tenemos por el momento colaboradores de afuera, expresa en cuanto a personas que aportan de manera individual.

Luego, cuenta con diversos voluntarios que se acercan y dan una mano desde el lugar que pueden con distintas tareas que hay para cubrir en el taller. Tenemos una amiga que es ciega, que tiene mucha experiencia en trabajo, y viene con su mamá a dar una mano como voluntaria, relata Beatriz. Y así varios conocidos más.

Por mes reciben una beca por parte del ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires y un peculio, que les garantiza a cada uno de los chicos que asisten cierta suma como ingreso. A su vez, el municipio de Morón los ayuda con un subsidio, les brinda bolsones de mercadería (alimentos no perecederos para el lugar o las familias) y es uno de sus clientes, ya que les compra sobres o papeles blancos o a color.

A menudo realizan salidas recreativas y visitan distintos lugares. Recientemente estuvieron conociendo la planta de Coca-Cola y ahora se encuentran organizando un paseo a Temaikén. También suelen asistir a actividades que organiza la Dirección de Discapacidad de Morón, o incluso, han ido hace poco a otra que organizó el municipio de Hurlingham.

Tenemos una disponibilidad máxima de hasta 17 personas, cuenta Beatriz. A lo que cabe recordar que se encuentran abiertas las vacantes para el año 2020. A continuación, explica que pueden integrarlos desde los 18 años. Tienen que ser mayores de 18 y con una discapacidad mental leve para que puedan aprender los trabajos, sin ninguna otra patología adjunta, como por ejemplo, algún problema neurológico. También puede ser motriz, porque tenemos un joven que está hace 18 años acá y puede trabajar lo más bien.

Beatriz explica que hay muchas escuelas de educación especial que tienen taller, pero que, al organizarse con las obras sociales, su participación tiene un fin. Cuando cumplís los 20 años tenés que irte porque la obra social ya no te da esos beneficios. Tenemos jóvenes que han estado en lugares así y les dicen ‘no, vos ya no podés estar’. En ese momento es cuando se complica que las personas discapacitadas tengan una continuidad en un espacio que promueva su integración.

La comisión que estamos acá somos todos los papás que también aprendimos, describe Beatriz. Lo que pudimos enseñarles a ellos para que aprendan sus trabajos, primero lo aprendimos nosotros. No hay una Universidad que nos enseñe el manejo del trabajo, hacer el grupo. Vamos aprendiendo lo que sirve en el taller, qué es lo que se puede agregar que nos sirva para nuestro trabajo. Y lo vamos aprendiendo todos los días.

Facebook: Padimm

Por Julián Tagliaferro

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