Trabajadores recuperan una fábrica en Ituzaingó y siguen produciendo

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Los empleados de la ex Fábrica de Muebles Laqueados Carpovich Sociedad Anónima evitaron el vaciamiento del taller y volvieron a fabricar muebles de madera laqueada. La lucha por poder mantener su fuente laboral, y la importancia del cooperativismo.

Hacía tres meses que no cobraban. Un viernes, les ofrecieron no ir a trabajar el sábado porque no hacía falta. Los empleados de la Carpovich Sociedad Anónima tuvieron la peor sospecha: temían que los dueños vacíen completamente su fuente de trabajo, luego de tres meses sin abonar los sueldos.

Es por esto, que ese sábado dos compañeros se dirigieron hasta el lugar para ver qué pasaba en el taller. Llegaron, se acercaron al portón y vieron todas las máquinas cargadas en dos camiones listos para salir. Era la estocada final en el proceso de vaciamiento acelerado, que se había iniciado unos meses antes.

“Me llamaron y llamé a todos los compañeros y se pusieron en la puerta para que no se los llevaran. Logramos que nos dieran las llaves. Desde ese día nos quedamos adentro, aguantando y haciendo guardia para que no se llevaran nada”, recordó Alberto Sayago, que hasta ese momento era el delegado gremial y luego se convirtió en el presidente de la Cooperativa de Trabajo Muebles Laqueados Limitada.

Ese sábado fue la última vez que vieron a Fernando y Marcelo Carpovich. Eran los hermanos de Gustavo Carpovich, quien había muerto unos meses antes, y heredaron el control de la empresa, que hasta ese momento tenía seis locales de venta al público. La empresa no venía bien, y los dos hermanos querían vaciarla. Ese día, los empleados se aseguraron la posibilidad de mantener su fuente de trabajo.

Desde entonces, el grupo de trabajadores hizo todo lo posible para volver a producir. Hace menos de un mes obtuvieron la matrícula en el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), que les permite tributar ante AFIP y vender a nombre de la cooperativa, que comenzó a producir nuevamente en los dos galpones que alquilan en Tel Aviv 3950, Ituzaingó.

En esos talleres había funcionado la Carpovich Sociedad Anónima. Ahora, están los dueños de la flamante cooperativa, que lograron explicar su situación al dueño del inmueble. “Entendió que la deuda vieja no era nuestra”, contó Sayago.

Actualmente, la Cooperativa de Trabajo Muebles Laqueados Limitada tiene la producción por debajo del nivel previo a la crisis de la empresa, pero confían en que pronto recuperarán los cánones habituales. Hacen camas, mesas de luz, cunas, roperos, bibliotecas, escritorios y accesorios. Los muebles pueden verse, y encargarse, en el showroom montado en el taller o en su página web: <http://muebleslaqueados.com/>.

El principio del fin (que dio lugar a un nuevo comienzo)

La Fábrica de Muebles Laqueados Carpovich Sociedad Anónima abrió en 2007. Dos años después, entró a trabajar Sayago. Eran 22 trabajadores, todos de entre 24 y 38 años, que hacían entre 400 y 500 pedidos mensuales. Eso fue hasta diciembre de 2014, cuando la empresa comenzó a perder terreno y a ganar deudas con los proveedores debido a algunas malas inversiones y créditos tomados sin un objetivo claro.

Con el desarrollo de la debacle, cerraron los seis locales que la firma tenía en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense. Poco después del cierre se fueron tres trabajadores y la cooperativa se conformó con los 19 empleados, entre los del taller y administración, que sostuvieron la custodia de la planta y las máquinas.

La Cooperativa de Trabajo Muebles Laqueados Limitada pidió tener el embargo de las máquinas a su nombre: la Sociedad Anónima les debe tres meses de salario y tener las máquinas les garantizará la posibilidad de sostener la fuente de trabajo.

Sayago afirmó, entusiasmado: “Vamos a poder ganar mejor porque la plata estaba mal invertida. El dueño se la pasaba tapando deudas y con lo que le sobraba nos pagaba a nosotros. Nosotros tenemos que pagar sueldos y materia prima y no tenemos deudas con proveedores“. Esa es la importancia del cooperativismo, porque les permitió a este grupo de trabajadores poder mantener su fuente de subsistencia a través de esfuerzo mancomunado de todos. Les permitió seguir teniendo la dignificación que sólo el trabajo ofrece.

“Queremos agradecer a todos aquellos que, a pesar de haberse visto perjudicados, siguieron mostrándonos su apoyo. Somos 19 personas a las que repentinamente se nos quitó la posibilidad de trabajar. Hacia finales del mes de mayo los responsables de la empresa en la que trabajamos durante casi diez años intentaron vaciarla, dejándonos desprotegidos no sólo a nosotros, sino a nuestras familias. Nunca se nos puso en aviso de lo que sucedería. Nunca se nos dio una alternativa a lo que finalmente tuvimos que hacer”, escribieron los trabajadores en un texto que está subido a la web de la empresa.

El presidente de la Cooperativa, además, contó que al principio “no teníamos guita para llevar a nuestras casas ni para pagar las cuentas. La Cámpora de Ituzaingó nos dio una mano y también el Ministerio de Desarrollo Social, nos aportaron mercadería”.

Y más allá de los problemas financieros de todo comienzo, en los espacios de debate dentro del grupo de trabajadores también abordan las cuestiones que van apareciendo cada día: qué hacer con los trabajadores que llegan tarde al taller, con los que faltan, etc. Todo es un aprendizaje constante. Sin embargo, Sayago destacó que lo que más los ayudó a transitar estos primeros pasos fue la unidad que habían construido en los años anteriores. Al fin y al cabo, esas misma unidad es el denominador común del nuevo sueño que están emprendiendo juntos.

Por Solange Gunning

 

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