Ultimo adiós a una leyenda del tango, Leopoldo Federico

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El emblemático músico, que trabajó con artistas de la talla de Julio Sosa, Mariano Mores, Carlos Di Sarli, Horacio Salgán y Astor Piazzolla, falleció a las 5.15 de la madrugada, según confirmaron desde la Asociación Argentina de Intérpretes, de la que Federico era su presidente. Sus restos son velados desde ayer en la Legislatura porteña.

Leopoldo Federico, uno de los bandoneonistas más importantes de la música argentina, nació el 12 de enero de 1927 en el barrio porteño de Once. El maestro había comenzado a tocar desde muy joven. A los 17 años ya se presentaba en el cabaret Tabarís. El mismo relató, en una entrevista publicada hace unos años, esas épocas: “Era un chico grande. Los primeros meses, cuando salía a las cuatro de la mañana, mi viejo me estaba esperando en la esquina para tomar el tranvía hasta Once. Y después se tenía que levantar a las ocho para ir a su laburo. Lo tuve que convencer para que no me fuera a buscar porque los músicos me empezaban a cargar”, recordó.

Su primer gran salto lo dio antes de cumplir 20 años, en la orquesta del compositor y pianista Juan Carlos Cobián. Muy joven integró también las orquestas del violinista Alfredo Gobbi y Víctor D’Amario, hasta que fue convocado como primer bandoneón por el reconocido pianista Osmar Maderna. Luego formó parte de los cuerpos musicales de Mores, Héctor Stamponi, Di Sarli, Lucio Demare y Salgán, y tiempo después constituyó su primera orquesta, que fue codirigida por el pianista Atilio Stampone.

Una etapa inolvidable

Antes de cumplir los 30, Federico fue convocado por Piazzolla para reemplazar a Roberto Pansera en el Octeto Buenos Aires, aunque por su tendencia tradicional tuvo profundos desencuentros con Piazzolla. En 1959 grabó su primer disco como solista, y ese mismo año acompañó al frente de su orquesta a Julio Sosa, con quien grabó tangos inolvidables como El firulete, Cambalache, Mano a mano, Nada, Que me van a hablar de amor, En esta tarde gris, Uno, Rencor y una original versión de La Cumparsita. Allí se lució con un sonido tan diáfano como la voz del cantor, y encontró un equilibrio entre el tango tradicional y ciertas formas de la vanguardia, que no fue advertido en aquel tiempo sino muchos años después.

El bandoneonista permaneció al lado de Sosa hasta su trágica muerte en un accidente automovilístico en 1964, y años más tarde formó un cuarteto con el guitarrista Roberto Grela. Tiempo después conformó un trío de tango junto al pianista Osvaldo Berlingieri y al contrabajista Fernando Cabarcos. Desde hacía más de 50 años encabezaba su propia orquesta con instrumentalistas destacados del ámbito del tango, a los que nutría con su arrolladora trayectoria.

Como compositor se destacó con los tangos “Que me juzgue Dios”, “Cabulero”, “Sentimental”, “Canyengue”, “Bandola zurdo”, “Capricho otoñal”, “Milonguero de hoy”, “Preludio nochero”, “Diagonal gris”, “Pájaro canto”, “Siempre Buenos Aires”, “Al galope” y “Cautivante”. “Es parte de la historia del bandoneón, un fuera de serie, y lo puede decir cualquiera, desde los chicos de 17 años que tratan de tocar como él hasta los mayores”, resumió ayer el guitarrista Horacio Malvicino sobre la importancia de Federico.

Todos los premios

Además del reconocimiento de sus pares y de sus seguidores, Federico fue galardonado con distintos premios como el Gardel a la trayectoria y el Grammy latino en dos oportunidades, mientras que también fue declarado ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2002. En 2004 recibió una distinción del Senado de la Nación y la Cámara de Diputados por su gran aporte a la cultura. Ese mismo año obtuvo el premio a la figura de tango en los premios Clarín Espectáculos. Su orquesta consiguió además en 2005 el premio Konex de Platino como el más relevante conjunto de tango de la década. Y el 11 de diciembre de 2012, la Cámara de Diputados de la Nación y El Centro de Estudios de los Intereses Nacionales le entregó una distinción a la trayectoria.

Uno de los momentos más duros de su vida lo atravesó el 25 de diciembre de 2003, cuando falleció su hijo Osvaldo Federico, luego de recibir un trasplante de hígado. Desde hacía varios años el bandoneonista tenía serias dificultades para caminar, pero siguió tocando hasta hace pocos meses.

La muerte del emblemático músico impacta al mundo del tango, que el domingo pasado fue sacudido con el fallecimiento del escritor y poeta Horacio Ferrer, quien murió tras sufrir una complicación cardíaca, luego de haber permanecido internado varios días en el Sanatorio Güemes.

Federico era considerado por muchos “el máximo músico de tango vivo” y también “un puente virtuoso entre dos siglos”. Hace dos años, al recibir un reconocimiento en la Cámara de Senadores, el bandoneonista hizo una suerte de balance de su trayectoria: “Tuve la suerte de que se me cumplieran los sueños: tocar con Horacio Salgán fue un regalo del destino. Astor Piazzolla es lo insuperable. Y me recuerdo junto a Julio Sosa y quisiera empezar todo de vuelta para volver a hacer lo mismo”.

Fuente: unoentrerios.com.ar

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