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Acusan a los Rugbiers de Matreros de causar disturbios en los boliches del oeste

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Tras el desastre que ocurrió en Me Vengo, boliche del partido, La Ciudad se reunió con Mariano Mgam, dueño del lugar, para que cuente lo que sucedió esa noche y cómo continúa la causa judicial iniciada.

Lo que parecía ser un sábado normal del mes de marzo en Me Vengo, donde las personas se juntan para ir a bailar y divertirse entre amigos, se desvirtuó cuando Nicolás P. golpeó a un cliente del boliche dentro de las instalaciones. “Después de la primer piña en el V.I.P, mandé a actuar a la seguridad, ellos primero sacaron al chico golpeado y a
sus dos amigos, para que no se siga armando revuelo dentro del boliche. Ellos se fueron muy tranquilos, cosa que no pasó con Nicolás, que cuando lo quisieron sacar, le pegó a uno de los de seguridad y a mi socio”, contó Mariano Mgam.

Una vez que lo dejaron en la puerta del boliche, detrás lo siguieron su grupo de amigos. En primera instancia, fueron reconocidos por ser jugadores del Club de Rugby Los Matreros, de Morón, y luego de lo acontecido se estableció que ellos son: Los hermanos, Mariano (21 años) y Julián I. (21), Jerónimo R. (18), Manuel A. (18) y Tomás D. (26). Descontentos por la situación, después de que el dueño mandó a cerrar la reja que separa al boliche de la vía pública, el grupo de chicos se subió a la reja mencionada para derrumbarla y lo lograron. El boliche, con todas las personas que fueron a divertirse, quedó a tan sólo una pared de vidrio de blindex de diferencia con la vía pública.

Luego de que tiraron la reja, Mgma, comenzó a llamar a la policía para que mandaran patrulleros y así terminar con los actos violentos que se habían desencadenado, pero éste no obtenía respuesta alguna. Los móviles no aparecían. “La seguridad armó un cordón humano para que no pasen al boliche, pero en un momento, los chicos lograron
arrancar unos postes que tenemos en la puerta para poner el vallado de la fila y los tiraban encima de la seguridad. No contentos que el daño que causaban, agarraron otros postes, que se ponen en la calle para que no estacionen, cascotes y piedras. Cuando esto ya no daba para más, mandé a la seguridad para dentro, para que queden resguardados ellos también”, expresó Mariano. Pero esto no terminó acá. Mientras fuera del boliche parecía no haber control, en la pista, los gritos de las mujeres se podían escuchar a pesar de la música junto con los pedidos desesperados para que la violencia se terminara. Pero este grupo de chicos no cesó en su agresión desmedida. Una vez que la seguridad entró, los rugbiers se acercaron al patio delantero del lugar, tomaron cascotes y los lanzaron sobre la pared de vidrio de blindex. Con tanta fuerza fueron los lanzamientos que lograron agujerearla. “Cuando la pared se rompió, Nicolás P., tiró un cascote para dentro y Santiago, un seguridad, con tal de que no le pegara a ningún cliente, antepuso su cuerpo y le pegó en su cara”, explicitó el dueño del lugar.

Cuando todo parecía no tener fin, Mariano Mgam, les solicitó a las 14 personas que tiene como seguridad que salieran para que el grupo problemático abandone el lugar. Esto fue así. En el video de la cámara de seguridad del boliche se pueden observar todos los hechos que confirman las palabras del dueño. Al salir toda la seguridad junta, el grupo comenzó a correr para una de las esquinas, y la policía llegó justo en ese momento.

“Tuve que hacer una llamada a un concejal para que la policía aparezca. Me subí a uno de los ocho patrulleros y fuimos hasta la esquina donde identifiqué a cada uno de los jóvenes”, detalló Mariano.

En la comisaría Las Cabañas, se hizo la denuncia correspondiente y Mgam tuvo la posibilidad de hablar con los padres de los involucrados. “Uno de los papás se me acercó y me dijo que él una vez tuvo que sacar un arma para que su hijo no le pegara. La verdad, no sabía qué decir. La violencia es mucha”, subrayó el denunciante. Y también
destacó: “Otro de los padres me comentó que él no iba a intentar darme plata para que no haga la denuncia, que su hijo iba a tener que pagar por lo que hizo”. A su vez, el dueño del boliche contó: “Nunca me hizo falta poner dos mastodontes en la puerta. Hasta que pasó esto. Tuve que hacerle caso a los que decían que intimidan y que era necesario tenerlos”. También, contó que busca llegar hasta el final con la denuncia y que para ello le pagó a un grupo de abogados. “En Me Vengo queremos mucho a Santiago, lo que está sufriendo es muy feo. Es un buen chico, que la rema pero ahora está sin poder trabajar y, encima, sin disfrutar de su hijo recién nacido”, expresó Mariano con indignación pero, a su vez, agradece la frialdad con la que actuó A.

“Tenía entendido que ninguno de los denunciados podía acercarse a la zona de los boliches de Colectora, pero se
ve que cuesta hacer cumplir lo que se escribe en un papel”, reprochó Camila. esa noche para lograr mantener con calma a todo su grupo de empleados y a las personas que simplemente habían ido a bailar a las instalaciones.
Si los políticos deciden cerrar los boliches en Ituzaingó, plantearía que no es la solución. Los chicos no van a dejar de salir a bailar porque cerremos nosotros. Ellos se van a bailar a otros partidos o, peor, estarán en calle. Pero el problema no va a dejar de existir”, opinó Mgam.

Antecedentes
En este apartado, a pedido de la entrevistada, se preservará su identidad y se empleará el uso de un pseudónimo para hacer referencia a ella. Por una investigación profunda sobre este tipo de incidentes, se descubrió que en la navidad del 2012, en lo que era en ese entonces el boliche The Shack, que se encuentra a metros de diferencia de Me Vengo, Camila y su grupo de amigos sufrieron un lamentable episodio que aún hoy no logra olvidar.

Este hecho también tuvo como tristes protagonistas a un grupo perteneciente al Club de Rugby Los Matreros.
Estábamos bailando, festejando la navidad, pero de repente vimos que le estaban pegando al hermano de mi
amiga Sofía que estaba sentado en un sillón de los que había en el lugar. Cuando nos echaron a todos del boliche, esto siguió en la puerta de The Shack. A Sofía y a mí, también nos golpearon. No les importó que seamos mujeres”, resaltó Camila.

La navidad terminó en la comisaría, donde Camila y uno de sus amigos se animaron a hacer la denuncia, a pesar
de que los habían amenazado. Se resalta este antecedente porque en la causa, también denunciada en Las Cabañas,
aparece el nombre de Nicolás P., culpable de las nueve fracturas que tiene Santiago, seguridad de Me Vengo.

Por Ailin Schernetzki

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