“La Casa de Nelly” fue usurpada por una empleada municipal y su familia

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El pasado miércoles 17 de septiembre, de madrugada, Romina Quevedo, su esposo y uno de sus hijos llegaron a la casa que había sido el lugar en donde Nélida Teresa Calise vivió gran parte de su vida, en Udaondo 950. Nelly, como la conocían todos los vecinos de Ituzaingó, era un personaje muy singular. Falleció en noviembre del año pasado luego de que se produjera un incendio -de causas dudosas- en su domicilio, el mismo que hoy es usurpado por esta joven empleada municipal.

En su lecho de muerte, Nelly le pidió a su gente que hicieran de su casa un hogar destinado a personas que necesitaran contención de todo tipo: abuelos, madres solteras, chicos con hambre, entre otros. Ése fue su último deseo. Sus vecinos, los que la cuidaron hasta el final, se propusieron cumplirlo. Y todo iba bien hasta que la casa en cuestión fue tomada por Romina Quevedo, notificadora de la Municipalidad de Ituzaingó.

Las casualidades y desprolijidades en esta historia son innumerables. En primer lugar porque Romina Quevedo es la sobrina de Mónica Quevedo, la Jefa del Departamento de Defensa Civil del distrito y, como si esto fuera poco, también es la prima hermana de la esposa de Pablo Piana, el Secretario de Infraestructura del Municipio.

Yo soy empleada municipal, a mí no me sacan de acá”, advirtió Romina cuando los vecinos le pidieron que dejara esa casa que no le pertenece. Además, la usurpadora ingresó a la vivienda rompiendo cadenas, candado y portón. Lo hizo de madrugada para que nadie la detuviera. Incluso, hasta burló el cartel gigante que la Municipalidad junto con la Defensoría del Pueblo de la comuna habían puesto en el frente del domicilio: “Inmueble en posesión de la Municipalidad de Ituzaingó para su resguardo. Prohibido ingresar bajo apercibimiento”. Pero Romina y su familia entraron igual. Y, hasta hoy, continúan allí.

La Defensoría del Pueblo de Ituzaingó, a cargo del Dr. Bruno Corbo, estuvo detrás de “La Casa de Nelly” desde aquella fatídica noche en la que ésta ardió en llamas y, un mes después, la vecina querida y cuidada por todos fallecía en el Instituto del Quemado de Capital Federal. Desde entonces, y al tanto del último deseo de esta médica devenida en cartonera por las vueltas dolorosas de la vida, el Defensor del Pueblo puso el terreno bajo su resguardo, con el fin de darle tiempo a los vecinos para que puedan organizarse, formar la asociación civil y llevar adelante el proyecto que ocupó la mente de Nelly durante sus últimos días.

Quién era Nelly
“Ella quería hacer algo para gente del barrio que necesite, como el tema de la rehabilitación, en su intención, ¿viste? Y con respecto a la ropa que ella juntaba, Corbo y un montón de vecinos le preguntábamos ‘¿y usted para qué junta la ropa?’, y ella te decía ‘para los jubilados que no tienen’. En realidad contaba lo que ella había hecho cuando estaba bien”, cuenta en diálogo con La Ciudad una de sus vecinas más fieles. Esta joven de treinta y pico prefiere no revelar su identidad. Es que ya fue amenazada por los nuevos ocupantes de la casa de Nelly. “Dale, entrá, entrá, que vas a ver qué te pasa”, amedrentaron desafiantes.

Nélida era médica, y ejerció como tal hasta que comenzó a padecer el síndrome de Diógenes. Este desorden de la conducta implica que la persona que lo sufra tenga la necesidad imperiosa de acumular cosas. Sea lo que sea, acumular. Dicen sus vecinos que no saben cuál fue el punto de inflexión que generó que Nelly se convirtiera en una especie de linyera. Algunos creen que fue por la perdida de un hijo. Esta médica recibida con honores en la UBA, comenzó a realizar su proceso de acumulación hace varios años atrás . Su joven vecina explica: “Nelly decía que juntaba cosas para ayudar a los que no tenían: o a los ancianos, o a la gente carenciada 

La conocían todos a Nelly. Andaba con un changuito, con el pelo blanco. Caminaba por todo Ituzaingó, por todo Castelar, todos los días. Salía a las ocho de la mañana y venía a las seis de la tarde, de lunes a lunes”, recuerda su vecina. Y continúa: “Tenía 80 años y no tomaba ni un remedio, ni una pastilla. Estaba bien de salud. Ella tenía jubilación, pero vivía como indigente por su situación emocional”.

El incendio, la limpieza rápida y la usurpación

Todos coinciden con que el siniestro que terminó con la vida de Nélida fue intencional. Esa madrugada de octubre, más precisamente a la 1:45 de la mañana, la casa comenzó a incendiarse “desde el lado de la vereda”. El fuego y la gran cantidad de basura que Nelly tenía acumulada en su domicilio constituyeron el combo letal que un mes más tarde terminó con su vida. “Terminó muriendo de la infección que se le generalizó”, relata otro vecino.

Existe un pedido de investigación sobre este incidente, cuyo origen está caratulado como “causa dudosa”. El vecino detalla: “El incendio fue provocado, está en los papeles. Lo que pasa es que nadie investigó. Porque encima vinieron a limpiar enseguida y no hicieron ni un peritaje, nada”. A las 8 de la mañana de ese mismo día de octubre, Defensa Civil montó un operativo: cortó las calles y limpió la casa -o lo que había quedado de la casa- de Nelly. De esta manera, no pudo realizarse ninguna pericia, por lo que la “causa dudosa” no se develará. Más arriba se habló de las casualidades y desprolijidades. Romina Quevedo, la usurpadora, trabaja en Defensa Civil. Como su tía, que es la Jefa de esa misma dependencia que un año atrás llegó a la casa de Nélida para limpiar los estragos que había dejado el incendio. Ni una prueba, ni un rastro de quién pudo haber provocado la tragedia. Ese fue el motor principal que impulsó a los vecinos a llevar adelante el deseo de Nelly: “Nosotros queremos, como un signo de justicia por lo que había pasado, que en ese lugar se termine haciendo algo que sea para el barrio y que no termine siendo en beneficio de un político o de un particular”.

El mismo miércoles 17 de septiembre, cuando llegó Romina, la gente de Nelly llamó a la policía para alertar sobre los intrusos que se habían metido en el terreno. Para sorpresa de todos, nadie los sacó.

“A mí me la dió Rossi, yo soy la dueña de esta casa”, le exclamó Quevedo a los policías. Y los policías, sin pedirles ningún papel, le creyeron y se retiraron del lugar. La persona a la que hace referencia esta notificadora municipal es Martín Rossi, el Secretario Privado del Intendente Alberto Descalzo. Este medio quiso entrevistar al funcionario, pero no tuvo éxito.

También, La Ciudad quiso comunicarse con Romina, pero fue imposible. Sólo expresa su sentir a través de la red social Facebook, emocionada por estar en la “casa por la que siempre luchó”. Aparte de nombrar a Rossi, Quevedo dijo que a esa casa se la había dado Ricardo Cadau, el Director de Tierras del Municipio. Los vecinos acudieron al funcionario, quien negó todo categóricamente y realizó una denuncia por usurpación en la Fiscalía Descentralizada Nro. 1 de Ituzaingó, a cargo del Dr. Novillo.

En diálogo con este periódico, Bruno Corbo, Defensor del Pueblo de Ituzaingó, expuso: “La Dirección de Tierras hizo una denuncia por usurpación, porque indiscutiblemente está configurada la usurpación. Sé que el fiscal mandó a hacer una serie de diligencias a la Comisaría 3ra, y una vez tramitadas esas diligencias resolverá. Entiendo que la única resolución que corresponde ahí es el lanzamiento, el desalojo”. Corbo suele ser muy cercano a los vecinos. De hecho, desde que la casa de Nelly fue tomada, frecuentó la zona y comprobó que los usurpadores “están haciendo reformas, lo que es una vergüenza”.

El Defensor comentó cómo desde su delegación se tomó posesión provisoria del hogar de la querida anciana. Aludió al momento en el que le cedió “el inmueble en tenencia a la Municipalidad para custodia”. Y rememora que “incluso había un letrero en el domicilio que así rezaba. Pero esta mujer, invocando cosas imposibles, diciendo que el Intendente la autorizó, se metió en el lugar. Es una barbaridad lo que ha dicho”.
Asimismo, Corbo señaló que la tía de Romina, Mónica Quevedo, trabaja en Defensa Civil, y destacó: “Son los mismos que vinieron cuando se prendió fuego la casa, y esto forma parte de una actitud realmente muy descalificante de parte de ellos”. El funcionario recomendó esperar el accionar del fiscal actuante, subrayando que todo lo que sigue de aquí en más “es una cuestión procesal”.

Roberto Rocha, Concejal por el Frente Renovador, también se sumó y acompaña al reclamo de los vecinos. Habló con La Ciudad e informó que dialogó con los integrantes de la “Asociación La Casa de Nelly”, a sabiendas de que hay una empleada municipal que está usurpando una casa que estaba en guarda de la Defensoría del Pueblo, y aseguró: “instamos nosotros verbalmente a la gente de Tierras que actuó e hizo la denuncia por usurpación”.
La usurpadora presenta la complicación de que es la sobrina de la Jefa de Departamento de Defensa Civil, Mónica Quevedo. Y es la prima hermana de la esposa de Pablo Piana”, apunta Rocha, al igual que los vecinos y Corbo. Es que a todos les llama poderosamente la atención que teniendo la llegada política que tiene Romina, no se la resguarde un poco más. Llama la atención la desprolijidad. Lamentablemente, hoy en día sorprende eso, y no el hecho en sí.

Cabe destacar que en el 2009 hubo un caso que funciona como antecedente, que presenta matices similares. Clemente Mamani era un ciudadano boliviano de unos 45 años y, al igual que Nelly, vivía como indigente en una casa ubicada sobre la calle Santos Dumont, en el barrio El Pilar, de Ituzaingó. También, “en el barrio lo querían mucho”, como distingue Alicia Angiono, fundadora de la ONG local Madres y Familiares de Víctimas (MAFAVI).

Clemente desapareció en marzo del 2009, el mismo día en que cumplía años. Esa tarde, una pareja ingresó a su casa alegando que Mamani, que no sabía leer ni escribir, les había confeccionado un contrato de alquiler. Luego de varias sospechas y de la investigación pertinente, se determinó que la pareja tenía un vínculo familiar con un empleado de Acción Social del municipio, Juan Miranda. La joven era su nieta, y su novio, el asesino de Clemente.

Lo mataron para quedarse con la casa. La justicia afortunadamente actuó, y actualmente Armando Olson está cumpliendo prisión perpetua por la desaparición y asesinato de Clemente Mamani, y Juan Miranda fue separado de su cargo. Angiono aporta un dato que recogió luego de estar detrás de este caso: “En conjunto con el Gobernador de la Provincia y ARBA, llegamos a la información de que entre Morón e Ituzaingó existen 574 inmuebles y terrenos municipalizados”.

La casa de Nelly también estaba municipalizada. Y lo sigue estando, aunque gente que se siente impune, escudada en ser “empleada municipal” o “sobrina y prima de”, esté ocupando ese lugar que no le pertenece. La casa es de todos. Todos los vecinos están trabajando arduamente desde la Asociación para poder cumplir con la última voluntad de Nelly, que contagió a su gente con su espíritu solidario.

¿Qué pasa de ahora en más?
Al cierre de esta edición, a través de fuentes oficiales, se sabe que el fiscal Novillo ya dió el lanzamiento y lo pasó al Juzgado de Garantías Nro. 3 para que lo efectúe. El fiscal ordenó el lanzamiento, y ahora lo tiene que confirmar el Juez de Garantías. El letrado propuso el desalojo, y sólo resta esperar si el Juez acepta o no. Es cuestión de esperar.

Pero los vecinos, junto con Rocha, saben que cada día que pase es vital para que se efectivice la posibilidad de que Romina Quevedo y su familia se asienten definitivamente en esa casa que no es suya. Es por esto que el Concejal está debatiendo con los vecinos de la calle Udaondo en presentar un pedido de informe “para ver si podemos impulsar al juez como para que ordene el desalojo rápidamente”. El Concejal argumenta que los jueces tienen todo el tiempo del mundo: “pueden pedir informes, pueden pedir pericias, llamar a una mediación, etc.”.

Es cuestión de esperar, de los tiempos del debido proceso, de los tiempos de la Justicia, que no siempre coinciden con los tiempos que tienen las personas comunes. “Nosotros queremos que se respete la voluntad de Nelly. Queremos hacer algo en esa casa entre todos los vecinos, y que sea para el barrio, para la gente que lo necesita. La Asociación Civil ya está en marcha, y los miembros somos todos de acá del barrio”, comenta la joven vecina que cuidó a Nélida hasta sus últimos días.

Al hablar de la Asociación, de la unión de los vecinos y de Nelly, esta chica de treinta y pico se emociona. Y entre lágrimas, finaliza: “Decidimos llamarnos “La casa de Nelly” porque queríamos un nombre que haga referencia a ella”. Porque la Dra. Nélida Teresa Calise encantó a todos con sus historias y con su incansable caminar, pero sobre todo les contagió el espíritu solidario que, a pesar del Diógenes que padecía, reinó en ella hasta último momento. Los vecinos de la calle Udaondo esperan que la Justicia actúe rápido, así pueden darle vía libre a todas las actividades a realizarse en “La Casa de Nelly”.

Por Solange Gunning.

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