Un documental censurado y un papá de Ituzaingó que no ve a su hija hace más de seis meses

Un documental censurado y un papá de Ituzaingó que no ve a su hija hace más de seis meses

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A Claudio se lo ve enérgico, bien predispuesto. Se nota que tiene necesidad de contar lo que le pasa. Está esperando que algo cambie, y hasta aceptó participar en un documental para que su historia se conozca. En una charla con La Ciudad, este diseñador gráfico de Ituzaingó, padre de tres nenas -dos suyas y una de su actual mujer-, cuenta por qué no ve a su hija Martina desde el 30 de abril de este año. Esa tarde de otoño, su ex esposa llegó al colegio Belgrano junto a su abogado y una orden de restitución, y se llevó a la menor sin avisarle nada a nadie. Ni siquiera las autoridades del colegio pudieron hacer algo, aun viendo que Martina no se quería ir. Ni siquiera llamaron a Barone para avisarle lo que estaba pasando, aun estando al tanto de la situación preexistente.

Este vecino del partido es uno de los seis padres que aparecen en el documental Borrando a papá, de Ginger Gentile y Sandra Fernández Ferreira. En él, se abordan diversas cuestiones ligadas a los papás que no pueden ver a sus hijos por problemas con sus ex parejas. El film también critica el funcionamiento de los órganos judiciales en relación a esta temática y denuncia la desigualdad de trato existente en perjuicio del varón de la pareja en cuestión. Fue censurado el pasado martes 21 de octubre por el juez Guillermo Blanch, del Juzgado Civil Nº 18, que prohibió la difusión de la cinta en el territorio de Argentina a pedido cuatro especialistas que aparecen en la misma y que quedaron disconformes con su mensaje global.

“Me llama Martina por teléfono ese día, y me pregunta ‘¿vos me viniste a buscar, papá?’, le contesto que no, y me dice: ‘Me dijeron que baje… ¡uh, es mi mamá! ¡Venime a buscar ya!’. Salí corriendo, y cuando llegué los vi a ellos dos en un auto con Martina adentro”, recuerda Claudio esa tarde en la que su ex mujer se llevó a la hija de ambos. Él tenía la tenencia de Martina y desde hacía un año y medio que vivía en su casa junto con su mujer, Paula; la hija de ésta, Candela; y la hija de ambos, Mora, de 4 años. Las mayores se llevan apenas meses e iban juntas al colegio Belgrano. Eran amigas. La ex abogada de Barone no le informó la citación a una audiencia, el Juez lo declaró en rebeldía, y le otorgó la tenencia a la mamá de Martina. Con el papel de la restitución, su abogado y una mujer policía, Marta llegó al colegio para llevarse a la nena.
Gabriel explica: “El abogado arrancó y salió picando con el auto. Lo seguí y lo crucé en José María Paz pero se la llevaron igual, porque tenían la orden de restitución. Actuaron cobardemente, por eso no se bajaron del auto para hablar”. Este papá sigue sin entender por qué su ex esposa actuó de esta manera. Por qué la ocultó durante un mes en un departamento de Capital. Por qué se la llevó a vivir a Bahía Blanca, lejos de sus afectos, de su familia, de sus amigos, sin avisar nada. “Evidentemente es una mujer que con tal de perjudicarme a mí, cosifica a la nena, y la reduce a un mueble que puede llevarse de acá para allá, olvidándose de que yo también soy el padre”. Ellos se separaron luego de que Martina cumpliera dos años. A los diez, la menor y decidió venir a vivir a Ituzaingó con su papá y la familia que formó con Paula. Desde entonces, la mamá de Martina vivió esto como una traición.

“Estoy con tu coneja durmiendo solita porque nos dejaste”, se lee en un mail que la ex esposa de Barone le envió a su hija mientras estaba viviendo en Ituzaingó. El diseñador gráfico presentó esto junto con muchas otras pruebas al juzgado a cargo del Dr. Noya, en el que está su expediente. Pero nada parece ser suficiente cuando se trata de un varón que reclama y una mujer que impide el contacto de su hija con su padre. En este sentido, la jueza de un tribunal de Familia de Morón que prefirió preservar su identidad, le explicó a La Ciudad que “cuando se habla de estadísticas judiciales hay que hablar de generalidades, y en realidad la generalidad es la que apunta a proteger más a la mamá, por una cuestión de género, porque es así”.

Si bien la magistrada admite un trato desigual hacia los varones y las mujeres ante la justicia en lo que concierne a estos casos, coincidiendo con la situación que se refleja desde Borrando a papá, también distingue: “Particularmente otorgo muchísimas guardas a los papás mientras se dirimen las situaciones, para resguardar a los chicos del ámbito familiar materno. Pero esas son las excepciones”. La abogada plantea que teniendo en cuenta que “las cuestiones legales son en realidad cuestiones sociales”, esta realidad que padecen los padres separados de sus hijos con la justicia “tiene que ver con una construcción histórica y social”. Y aclara que cada caso es particular: “Si vos como funcionario judicial no tenés la mente abierta y no te das cuenta que tanto el papá como la mamá pueden actuar de la misma forma o mejor aún, terminás juzgando al padre por el hecho de ser hombre, y acá se ven otras cosas más allá del sexo”.

Luego de diez años de juicio con su ex esposa Marta, Claudio Barone todavía no se cruzó con ningún juez, secretario o procurador que tenga la mente abierta y pueda ver un poco más allá del género y que, como expresó la jueza, evite juzgarlo por el simple hecho de ser hombre. “La denuncia contra un hombre actúa como condena. No se comprueba la denuncia, no se comprueba la falsa denuncia, así pasa el tiempo y perdés el contacto con tus hijos”, expone Claudio. Él recibió denuncias por violencia, que son falsas. Esos hechos nunca fueron comprobados o refutados. Y así pasa el tiempo. Y ahora que Marta se llevó lejos a la hija de ambos, él sigue esperando. En el documental, entre otras cosas, se plantea cuál es el mecanismo del que se sirve una mujer, apoyada por un sistema judicial que la protege justamente por ser mujer: inventar hechos denunciables para que la justicia aparte a sus ex parejas de sus hijos. Y los chicos parecen ser botines de un conflicto entre adultos. Y en estos casos, una de las partes no se da cuenta del daño que le puede estar generando al menor.
“Hay uno de los pibes que expone el documental que es ruso, y le hablaba en ruso al hijo. La mujer lo denunció por eso, y el juez le dio lugar”, relata Barone. También rememora que otro de los padres protagonistas del film tiene a su ex mujer acusada de intento de homicidio agravado por el vínculo, luego de que le fracturase el cráneo a su hijo de un golpe, “¡y sigue teniendo la tenencia!”. El caso más extremo que refleja el documental y al que también alude este padre de Ituzaingó, es el del nene que fue ahogado por su madre en un jacuzzi, en La Plata, luego de que su papá realice varias presentaciones ante el juez denunciando la violencia que la madre ejercía sobre su hijo, “y el juzgado le selló la presentación dos días después de que el chico murió”.

La jueza de Familia del Departamento Judicial de Morón subraya que la función de los jueces es preservar a los menores en estos procesos. “Vos como funcionario tenés que compatibilizar el derecho del hijo de tener papás y de verlos, con el derecho de los padres de ver a sus hijos y tenerlos, porque es un derecho recíproco”, manifiesta la magistrada. También destaca que ante una situación de gravedad, ella preserva el derecho del chico y no el del adulto. “Yo lo tengo que preservar, es mi obligación. Y puedo equivocarme, porque soy un humano. Pero lo peor de todo es no hacer nada. Entonces, yo me arriesgo a tomar una decisión aunque sea errónea, que será apelada, pero la tengo que tomar. Lo peor de todo para un juez es no tomar decisiones. Y hay muchos que no toman decisiones. Las causas se dilatan, y ahí llegamos donde llegamos”, esclarece la abogada. Y de esa falta de toma de decisiones se quejan los padres que aparecen en el documental, como Claudio Barone, y otros tantos que no aparecen en él y que viven situaciones similares.

Borrando a papá, producida por Gabriel Balanovsky, fue apoyada desde su inicio por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) con un subsidio de 200 mil pesos. Busca reflejar que violencia de género también es creer que el hombre, por ser hombre, inmediatamente es culpable. Antes de que se efectivice la censura, ya había sido bajada del Cine Gaumont y del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Ahora ni siquiera podrá ser exhibida en el Arte Cinema de Constitución, donde el Incaa la había derivado luego de las primeras quejas por parte de los “damnificados”. Y el gran problema en cuestión es que con la prohibición del documental, se prohíbe también el debate, incluso con las especialistas que pidieron el recurso de amparo para que se dé de baja al film. Ellas son la médica María Cristina Ravazzola, la abogada Hilda María Radrizzani y las psicólogas Susana Tessone y Liliana Hendel. Sin película se anula el debate. Y sin debate, este tema tan poco visibilizado, sigue quedando como estaba.

Barone piensa que ése es el fin de la censura a Borrando a papá, que “no se quiere hacer lugar al debate que propone la película. Las directoras y los productores les dijeron a todos de debatir, y nadie quiere”. También recuerda la frase que le dijo el Dr. Noya, a cargo de su causa, cuando su ex mujer se llevó a Martina: “Con el tiempo se va a solucionar. Y bueno, en esto las mujeres van en avión y nosotros vamos caminando”. Mientras, su expediente va a cámara, de ahí al juzgado y del juzgado al asesor de menores, “y así pasan las semanas, los meses y los años, porque los juicios son transiciones entre las ferias judiciales. Y son pocos jueces que tienen la valentía”, tal como señalaba la funcionaria entrevistada por este medio, especializada en Familia.

La jueza también destacó que “la justicia se encuentra muy sola” porque no cuenta con la solidez de las instituciones que la rodean, por lo que los procesos, efectivamente, se dilatan. Mientras, hace seis meses que Claudio Barone no ve a su hija Martina, y hace dos que ni siquiera habla con ella. Mientras, se quiebra al recordar que su hija menor, Mora, le guarda caramelos en un frasco a su hermana para dárselos cuando regrese. Mientras, este papá espera.

Por Solange Gunning

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